
Cuba le rindió tributo póstumo al Comandante de la Revolución Juan Almeida, quien fue ejemplo de fidelidad, sencillez y supo hasta el último momento darlo todo por la causa que defendió junto a Fidel y Raúl.
El pueblo desfiló por más de doce horas para darle el último adiós.
Su ejemplo constituye estandarte y guía para las nuevas generaciones de cubanos que día a día construimos el Socialismo.
Obrero, pobre, humilde, desde bien temprano tomó el camino para derrocar al tirano que ultrajaba su tierra.
Su arrojo y valor en el combate se inmortalizó en su primera contienda en Alegría de Pío, cuando con las fuerzas casi diezmadas supo inyectarle aliento a sus compañeros con el grito de ¡Aquí no se rinde nadie!
Ejemplo tomado por nuestro cinco valerosos Héroes prisioneros del Imperio, que después de once injustos años continúan hoy resistiendo su cruel encierro en cárceles estadounidenses.






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