Cien años después del natalicio del Apóstol, despertaron en el Moncada el grito de libertad; la sangre heroica de los cubanos volvió anegar las calles. 
Los jóvenes rebeldes sufrieron prisiones, muerte y exilio pero no claudicaron ante el verdugo del pueblo.
Llegaron desde Tuxpan, convencidos en vencer o morir. Combatieron en la Sierra y el llano hasta la victoria del primero de Enero.
La lucha no termina, las tareas son arduas y difíciles, unos quebraron en el camino, muchos siguieron. Comenzó la alfabetización y la siembra de escuelas. Los Rebeldes cambiaron el fusil por las herramientas de trabajo.
Los sueños del Apóstol hoy son realidad: escuelas por todas partes dan fe de que no hay niños sin recibir el pan de la enseñanza.
Se educa bajo la doctrina del estudio y el trabajo; es la forma más noble y generosa de enseñar, de las manos de todos salen
las riquezas.
Hermosas escuelas tenemos, solo hay que cuidarlas con el mismo amor y patriotismo con que otros dieron sus vida para alcanzar tales logros.
Los jóvenes de hoy aprenden de los que ayer hicieron historia, sus luchas son con los lápices y las libretas. De su esfuerzo depende el porvenir de esta tierra.
Existen nuevos retos, difíciles y complejos, pero convencidos están que no flaquearán.
Las conquistas logradas por los hombres heroicos de ayer, nunca nos serán arrebatadas.

